Mis libros del 2009 (Parte II)
Aquí va la segunda parte de mi lista de libros leídos en el 2009, un poco más tarde de lo que tenía pensado por culpa de exámenes, trabajos de la universidad y maratones de Survivor.

"Remember Don… when God closes a door, he opens a dress."
Mad Men
Aquí va la segunda parte de mi lista de libros leídos en el 2009, un poco más tarde de lo que tenía pensado por culpa de exámenes, trabajos de la universidad y maratones de Survivor.

Mad Men hay que entenderla como un producto elitista y exclusivo, perfecto para paladares exquisitos. Huye de lo obvio y opta por trabajar conjuntamente con el espectador, dándole las piezas para que él termine de ensamblarlas. En cada episodio parece que no ocurre nada, pero a la que se presta atención, se descubre que hay muchísimo más de lo que a primera vista parece.
Todo son sutilezas y elipsis. Muchas veces las cosas más importantes ni se dicen, ni se ven. Si no que tan solo se dejan intuir, se le dan a entender al espectador con un guiño, un gesto en un personaje, una frase que parece trivial o un plano que se demora unos segundos más de lo esperado.
En un primer vistazo, Mad Men entra por los ojos. Su fotografía, su dirección artística, sus actores, son todos impecables. Es difícil encontrar algo que criticar entre tanto buen hacer. Uno se deja deslumbrar por esos vestuarios, ellas con esos sostenes en forma de conos, los vestidos ceñidos de Joan, los peinados engominados de los hombres, los continuos cigarros que se fuman o las incontables copas que beben a lo largo del día. Betty Draper maravilla como esa especie de Grace Kelly de los suburbios, Joan encandila con esa tristeza que a veces transluce bajo tanta exuberancia y contoneo de caderas. Y que decir de Don Drapper, inteligente, guapo y hermético.
Mad Men es un retrato de una época, donde los hombres dominan y las mujeres son poco más que floreros. Ellos salen, beben, tienen amantes, mientras ellas esperan pacientemente en casa. El envoltorio de Mad Men es una buena metáfora de lo que es en si misma la serie, hermosa y perfecta, camuflando un triste discurso. Es un programa sobre gente triunfadora, que en principio tiene lo que siempre había soñado y que pese a ello continúan siendo infelices.
El discurso es muy claro. Puedes luchar y trabajar muy duro por conseguir todo aquello que crees que te hará feliz, ya sea un puesto de trabajo exitoso o una encantadora familia y de repente, darte cuenta de que no eres tan feliz como creías que ibas a ser. Todo esto no se cuenta verbalizando los conflictos, sino que se da a entender en los detalles. En unos temblores conduciendo, en una copa de más en el despacho, en una mentira de la secretaria o en un silencio que dice más que horas de discursos.
El valor de los guiones de esta serie se encuentra en la sutileza a la hora de desarrollar sus tramas y de exponer la psicología de sus personajes. Está repleta de momentos maravillosos, de diálogos que parecen no decir nada, de tramas que aparentemente no van a llegar a ningún lado y de elipsis que dicen más que capítulos enteros de otras series.
Sus episodios a veces parecen arbitrarios hasta que te detienes a analizarlos. Todo está por un motivo y si simplemente le dedicas unos minutos a pensar en lo que has visto te darás cuenta de que se te ha dicho muchísimo más de lo que parecía. Mad Men es una serie adorada por la crítica hasta puntos irritantes. No creo que sea el mejor programa de televisión que se haya hecho nunca, como a veces tanto premio parece afirmar, ya que peca de una excesiva frialdad: todo es tan perfecto que a veces no llega a emocionar.
Aún así, si os ponéis con Mad Men os encontraréis con un programa adulto, inteligente, hermoso, un poco cínico y sobre todo muy sutil. Una pequeña delicia exquisita.
En el siglo V antes de Cristo, Sun Tzu, un general chino escribió una serie de textos sobre estrategia militar que se conocería como El arte de la guerra. Sus enseñanzas han llegado hasta nuestros días manteniéndose igual de frescas que hace veinticinco siglos. Su filosofía ha sido empleada no solo para la guerra, sino en otros campos como la economía o el marketing. Tras ver la temporada once de Big Brother USA podría decir que este pequeño tratado debería ser estudiado por todos y cada uno de los concursantes que se atreven a entrar en esa casa.
Big Brother US no es un programa de convivencia, sino una competición de supervivencia. La meta es medio millón de dólares y los enemigos el resto de habitantes de la casa. Como buen reality americano, el público no participa en las expulsiones y los jugadores solo se tienen a si mismos para conseguir vencer frente al resto. Su estructura es simple y efectiva. El primer día de la semana se escoge al HoH que será quien nomine a dos compañeros, en el segundo programa tendrá lugar la competición por el Veto, quien la gane tendrá la opción de invalidar una de las nominaciones y en el tercer programa los habitantes de la casa votarán para expulsar a uno de los nominados.
Como todos los años, aquí va un repaso a todos esos libros que he leído en este año. El motivo de esta lista es un poco forzarme a leer, ya que muchas veces con tanta serie descuido un poco esta afición. Puedo decir que por lo general he escogido muy bien lo que he leído este año, encontrándome con algunos libros que han pasado a formar parte de mis favoritos y otros tantos que he disfrutado enormemente. Ha habido algunas decepciones, pero han sido las menos. Aquí va la primera parte de la lista:
Seguimos con lo que dejó este 2009 y si en la anterior entrega me referí a aquellas series que seguí a ritmo de emisión ahora toca hablar de esas otras que he ido descubriendo a mi ritmo y viendo por mi cuenta.
BABYLON 5
Este ha sido el año en que he descubierto la serie de JM Stracynski. Battlestar Galactica iba a terminar y necesitaba un sustituto en lo que a buena ciencia ficción se refiere. Pese a que cuesta un poco hacerse a ella, ya que los años se le notan y mucho, una vez entré en su universo, quedé totalmente enganchado. Sus personajes y la forma de manejar las líneas argumentales me encantaron. Aún así reconozco que ahora mismo ando un poco atascado en su cuarta temporada después de unos giros en la trama que todavía no sé muy bien como tomarme.
THE SHIELD
Esta serie la seguía al mismo ritmo que The Wire, es decir, una temporada cada mucho tiempo. Hasta que llegué a la tercera, entonces empecé a engancharme y cayeron también la cuarta, la quinta y la sexta. Estoy a la espera de que se edite en dvd su último año para poder finiquitarla. The Shield ha terminado por resultar una serie mucho más sólida de lo que podía parecer y uno de los programas más tensos que he podido disfrutar.
SONS OF ANARCHY
Su primera temporada no la seguí a ritmo de emisión y cuando me puse con ella un día que estaba enfermo no esperaba verme diez capítulos del tirón. Clara heredera de The Shield, esta reescritura de Hamlet me atrapó por la fuerza de sus mujeres. Su segunda temporada ha subido el listón todavía más y nos ha dejado esperando un futuro tercer año todavía más intenso.
PROJECT RUNWAY
Quien me iba a decir a mi que iba a terminar enganchado a un reality sobre diseñadores de moda. El programa presentado por Heidi Klum es muy simple, pero a la vez muy efectivo, muy bien realizado (como todos los realitys americanos) y no se pierden en tonterías. Este programa me abrió la puerta a otros realitys como The Amazing Race que es emocionante como pocos e incluso me animó a ver algo que jamás creí que llegaría a descargarma, Big Brother USA. Su onceava edición me demostró el potencial que puede tener un buen reality show que no se eternice con interminables galas.
LOS SOPRANO
Y como no, he de hacer mención a mi última obsesión del año, L0s Soprano. Esta serie siempre había estado muy arriba en mi lista de series a ver, pero a su vez era la que más pereza me daba, junto a Mad Men (curiosamente otra serie que he empezado). Finalmente me puse con ella y no tardé tanto en engancharme como esperaba, la solidez de sus personajes me atraparon y la consistencia de sus episodios en los que apenas había altibajos me han hecho devorara uno tras otro. En estos momentos me encuentro a mitad de la cuarta temporada y no puedo agradecer más el momento en que me lancé a por ella.

Toca hacer un pequeño repaso a este año seriéfilo. He echado la vista atrás (y ojeado los post de todo este 2009) y aquí os dejo un pequeño mix de lo más destacable:
EL FINAL DE BATTLESTAR GALACTICA
Todos tenemos interminables listas de series pendientes de ver. Normalmente cuando leemos muchos blogs siempre hay alguien que comenta una u otra serie y la terminamos apuntando como futurible programa a seguir. Pero hay algunos que han sido recomendados hasta la saciedad, no ya por blogueros sino también por críticos y que vienen avalados por toda una ristra de premios. Estas series las sabemos imprescindibles, pero nunca encontramos el momento de sentarnos a verlas. Eso me pasaba a mi con Los Soprano y con Mad Men.
De la primera se ha dicho que es el mejor programa de la década y para mucha gente es la mejor serie de televisión que han visto. Arrasó en los Emmy, sus actores siempre andaban nominados y siempre figuraba como Mejor Drama. Mad Men ha sido su relevo. Los premios la adoran hasta un nivel enervante en el que parece que no existe otra buena serie en el panorama televisivo acaparando las categorías de guión y realización ella solita.
En ambas su reconocimiento me echó para atrás en vez de animarme a verlas, pero finalmente, tras las insistentes recomendaciones de dos amigos que estaban fascinados por Los Soprano decidí darles la oportunidad que se merecían. Ya había visto algún episodio en La Sexta hará ya unos años, pero no me convenció. Ahora era el momento de ponerme con ella en condiciones, en orden y sin anuncios. ¿Vería esa serie maravillosa de la que todo el mundo hablaba o no entendería a que tanto revuelo?
La serie comienza lenta, no es de estas que te atrapan con un potentísimo piloto o que tiene un personaje protagonista arrebatador. No, de primeras es un programa sin mucho glamour, de corte realista dentro del tema que trata, en el que suceden cosas, pero que tampoco tiene una trama que vaya tirando de la serie. Su punto fuerte son sus personajes, pero de eso me di cuenta más adelante, no son especialmente atractivos, ni es fácil acostumbrarse a ellos, porque como en la vida real, están repletos de claroscuros. Tienen detalles por los que los admiras, pero también muchos otros por los que los desprecias.
Los Soprano la iba disfrutando más conforme avanzaba e iba vislumbrando el microuniverso que David Chase iba creando. Cuando me quise dar cuenta la serie me había arrastrado a su Nueva Jersey un poco deprimente, a sus mafiosos y a sus mujeres horriblemente vestidas. Fue terminar la primera temporada e ir volando a por la segunda. Y al ritmo que voy, mañana hago lo mismo con la tercera.
Con Mad Men ha sido distinto. Decidí ponerme con ella para vencer la manía que le había pillado después de que se lo llevase todo en las últimas ediciones de los Emmy y me encontré con lo que esperaba. Una serie rodada impecablemente, con una dirección artística increíble y unos personajes interesantísimos. Mad Men es una serie en la que lo importante muchas veces está en lo que no se dice, en lo que se afirma con una mirada o en lo que se desvela en un pequeño gesto. Los personajes (al igual que la serie) parecen perfectos, con envidiables vidas en la que tienen todo lo que en principio podrían soñar, pero bajo esa superficie esconden una gran infelicidad.
Mad Men es a su vez un retrato de una época que ya ha pasado, donde el machismo, el tabaco y el alcohol campan a sus anchas. Donde las esposas esperan en casa perfectamente peinadas mientras sus maridos se escabullen con sus amantes arguyendo importantes reuniones con ficticios clientes. La acusan de lenta, pero no estoy para nada de acuerdo, se toma su tiempo en contar lo que quiere, pero para nada resulta aburrida.
Reconozco que no podía haber empezado con dos series más potentes, pero también gracias a ella no solo no voy a echar de menos las que sigo semanalmente, sino que estoy deseando que se vayan de una vez al descanso navideño. Ahora mismo solo estoy para Tony Soprano y para Don Drapper. Bueno y para Angela Channing en su Falcon Crest, pero creo que eso lo dejo para otro post, que ahí nos movemos a otro nivel.
Decidí esperarme hasta que hubiésemos visto estos cuatro primeros episodios de V para pronunciarme sobre la serie. Ya tenemos experiencia a estas alturas con pilotos que venden el oro y el moro y que luego se quedan en nada y también de casos contrarios, en los que una pobre presentación no hace justicia a la serie que después se desarrollará. Aunque finalmente con V no se ha dado ninguno de los dos casos.
Su piloto era resultón, con unos diez minutos iniciales herederos de Independence Day y una explicación rápida de todo lo que iba a contar la serie. A estas alturas saber que los visitantes eran lagartos no iba a suponer ninguna sorpresa, por lo que cuanto antes nos contasen que los extraterrestres eran malos y que iba a haber una resistencia, antes podrían entrar en materia.
El problema ha venido que en sus siguientes episodios la serie no ha remontado, sino que más bien ha aburrido, siguiendo peligrosamente el camino marcado por Flashforward. Tiene personajes poco interesantes, demasiado tópicos y sin garra alguna, llegando a ser algunos de ellos, incluso irritantes (ese chaval adolescente).
Pero a esto hay que sumarle esa petición que nos hacen los guionistas, demasiado pronto, de que nos creamos lo que nos cuentan. De que pasemos por alto algunos detalles que chirrían demasiado: la llegada de los Visitantes se produce con mucha facilidad, todo sucede muy rápido y sin apenas problemas. Esto se puede entender por la necesidad de poner todas las cartas sobre la mesa en sus cuarenta primeros minutos. Pero esa ausencia total de las altas esferas políticas no me encaja. En una historia de este tipo es algo fundamental. ¿Cómo afrontaría el poder político esta situación. Como trataría con esta especie de superseñores al más puro estilo El fin de la inocencia de Arthur C. Clarke.
Cuando en una serie quieres hablar sobre el poder de la devoción, de la manipulación de los medios y de la corrupción no puedes olvidarte de los políticos. No tiene sentido. Entiendo la elección de personajes como la agente del FBI, el adolescente o el lagarto de la resistencia. E incluso el cura que ha estado en Iraq, ya que últimamente parece que es un personaje que no puede faltar en ninguna serie que se precie de serlo. Pero si me incluyes a un periodista para hablarme de los medios ¿por qué no a un político?
Esta es mi principal queja respecto a lo poco que llevamos visto de la serie hasta ahora. Le falta complejidad y profundidad a la situación planteada, lo que podía haber sido una revisión como la que se hizo de Galactica se ha quedado a medio camino. También es cierto que a mi no me ha decepcionado, pero porque tras las noticias que nos llegaban de su rodaje, de sus parones y de sus cambios de showrunners, la cosa no se anunciaba muy brillante.
También reconozco que el cuarto episodio me gustó un poco más. Finalmente entran un poco en todo el tema de la resistencia con esa Quinta Columna y tocan la figura de Anna y el porque de la devoción que siente su gente hacia ella. Ambos, temas muy interesantes que esperemos que desarrollen adecuadamente en el segundo tramo de la temporada, dentro de unos cuantos meses.
El cuarto capítulo, titulado It’s only the beggining parecía decirnos que eso era solo la presentación. Se puede entender como una especie de miniserie que nos presenta toda la situación y que realmente, hasta que la serie no regrese no veremos del todo hacia donde quieren tirar. Han dejado caer algunas ideas interesantes, más allá de ese cliffhanger facilón, esperemos que con el cambio de showrunner se arriesguen más creativamente, y finalmente V sea esa serie interesante que por ahora lejos está de ser.
Ryan Murphy (Popular, Nip Tuck y Glee) podría entrar en ese grupo de showrunners americanos a los que se consideran autores. Aquí no vale cualquiera, deben tener una serie de características en sus obras y una clara intención de decir algo. Han diferenciarse del resto y tiene que ser fácil reconocerlos: a Joss Whedon le distinguiremos por sus diálogos y sus personajes, a Aaron Sorkin por su walk & talk o a Berlanti por sus dramas familiares. A Ryan Murphy le reconoceremos por su tendencia al histrionismo y por su crítica a la importancia que damos a las apariencias en nuestra sociedad.
Popular, su primera serie, se centraba en dos grupos de chavales, opuestos en el sistema de castas que imperan en los institutos americanos. Por un lado las animadoras y los deportistas y por otro los perdedores, que por circunstancias de la trama debían de mezclarse. Algo parecido, solo que con más presupuesto y canciones, es lo que sucede en Glee, donde los protagonistas son los perdedores pertenecientes al coro, cuya supervivencia solo será posible si se suman los populares.
Glee es la evolución de Popular, más exagerada y caricaturesca que la anterior. Las tramas se reciclan (capitán del equipo de fútbol que se mete al musical del colegio), pero en este caso cuentan con la ventaja de las canciones y con una producción más cuidada. Otro de los detalles que comparte es la fuerza de sus secundarios, muchísimo más interesantes que los propios protagonistas. En Popular, las crueles animadoras Nicole y Mary Cherry se comían el show y eclipsaban a los protagonistas que estaban envueltos en tramas más pesadas y serias. Eran personajes que funcionaban como dibujos animados, moviéndose en un universo paralelo, kitsch, pop y sobre todo absurdo.
En Glee, los mejores capítulos por ahora nos los han dado los secundarios, al igual que la mejor comedia venía de aquellos más exagerados, como Sue Silvester, la implacable entrenadora de las cheerleaders. Otro de los rasgos de Ryan Murphy es que puede querer a sus criaturas, pero no por ello se corta a la hora de ser cruel con ellos. El guionista tiene claro que en el instituto no tienen porque triunfar los perdedores, por mucho que sea lo que queramos. Los populares siempre serán los mejores vistos y si eres un perdedor, seguramente nunca salgas de ahí. Por lo que acostúmbrate.
En Popular, Carmen Ferrara era la que mejor bailaba, pero estaba gorda y las animadoras no querían admitirla ¿Quién iba a querer ver a una chica gorda bailar en los descansos de los partidos?. En Glee, la protagonista puede ser la que mejor cante del coro, pero continúan tirándole comida a la cara por los pasillos. O el que realmente es el personaje más patético de todos, Will, un perdedor que a través de sus alumnos intenta recuperar lo que perdió.
Nip Tuck, la otra serie de Ryan Murphy junto a las ya mencionadas, podría parecer no tener nada en común. Es de corte más adulto y además se emite en el cable americano, por lo que tienen cabida historias e imágenes mucho más explícitas. NipTuck es sofisticada, sexual y violenta, pero su tema principal continúa siendo la importancia de las apariencias. En el instituto si eres guapa y rubia terminarás de animadora o si eres guapo y fuerte participarás en el equipo de fútbol. Pero si eres feo o distinto, entonces seguramente seas de los marginados. Así funcionan las cosas en ese microcosmos, el problema, es que cuando te haces adulto, las cosas no cambian mucho.
Mucha gente no es quien querría ser, no están contentos con su físico y a través del bisturí buscan cambiar externamente problemas puramente internos. La obsesión por ser distinto, más atractivo no es muy distinta a la que tiene los perdedores en Popular, que solo buscan juntarse con los más guapos para que los confundan con ellos. En esta serie el humor está mucho más medido, pero continúa siendo exagerada, tanto en sus pacientes como en las operaciones en las que no se escatima en sangre y brutalidad.
Troy representa al hombre triunfador, tiene dinero, estatus, atractivo y puede conseguir a cualquier mujer. Sean también puede tener una vida perfecta, casado con una hermosa mujer y con dos hijos. Pero ninguno es feliz. Porque muchas veces, tras perfectas fachadas, no hay nada detrás.
Ryan Murphy parece decirnos que pese a vivir en una sociedad aparentemente igualitaria, estamos divididos en clase. Somos esclavos de las apariencias y los ignorados solo quieren ser populares. Lo que muchas veces no saben, es que los populares, en su esfuerzo por mantenerse ahí arriba, tampoco son tan felices como aparentan.
En Pretty Handsome, proyecto que no pasó del piloto, Ryan Murphy recorría un camino parecido, pero con una finalidad opuesta. Un padre de familia que se siente mujer y que inicia su cambio de sexo. El viaje del protagonista también estaba dirigido hacia ser alguien distinto, pero a diferencia de sus otros programas, el objetivo no es conseguir un nuevo estatus, sino reencontrarse a uno mismo, aunque sea en el cuerpo de una mujer cuando se nació hombre. Una pena que no le diesen luz verde a esta serie, ya que habría sido interesante de ver.

El festival de series organizado en Madrid este fin de semana ha estado bien. Las diferentes charlas y mesas redondas han aportado cosas interesantes. Algunas pecaron de un excesivo autobombo, pero otras se pasaron volando. Adri ha hecho unos completos post sobre lo que allí se contó, por lo que para no repetirme os remito a su blog Hablando de series.
Yo quería destacar uno de los talleres que estuvo centrado en las diferentes promos que usaban los canales temáticos para promocionar sus estrenos. Había algunas bastante convencionales, pero a mi me resultaron especialmente llamativas las que ha realizado TNT para presentar la serie V en España. Aquí os las dejo:
Puedes beber hasta perder el sentido, para de esa manera olvidar que tu familia te ha abandonado, que no les importas. Puedes intentar desfasar y llevar la diversión al máximo, pero al final, quienes saldrán heridos serán aquellos a los que todavía importas.
Puedes flirtear, coquetear y enamorar. Pero no esperes que luego no suceda nada, no creas que esa persona a la que has marcado con una misteriosa mirada, con un sugerente movimiento de cabeza, no vaya a responder. No esperes que no luche por ti, ni aunque sea su mejor amigo el que se interponga. Si tonteas con dos chicos a la vez, atente a las consecuencias.
También puedes negar la evidencia, puedes cegarte y decirte que esa otra persona no es tu alma gemela. O puedes aceptarlo. Pero entonces, hay que afrontar las consecuencias. Habrá que vencer el miedo y ser valientes. Habrá que sortear a todo aquel que se interponga. Y aceptar el dolor implícito en una relación de descubrimiento. La recompensa quizás valga la pena.
Puedes vivir con miedo, sustrayéndote de todo lo que suceda a tu alrededor. Pero de esa manera la vida pasará a tu lado y no te habrás dado cuenta. Si apuestas por lo imprevisto, los resultados serán sorprendentes. Puedes darte cuenta de que vales más de lo que esperabas y puede que conozcas a alguien especial.
Puedes esconderte a la sombra de alguien, es más cómodo, más confortable. Pero también puedes gritar que eres único, que mereces que se te tenga en cuenta. Y si haces esto, quizás entonces estés preparado para coger las riendas de tu vida.
Y sobre todo, puedes equivocarte. Debes equivocarte. Pero madurar implica aceptar las consecuencias, no huir. Poner tierra de por medio no lleva a ningún lado y al final sin darte cuenta terminarás en el punto de salida. Puede que la culpa no sea tuya, que hayan sido tus padres quienes te hayan jodido la infancia, puede que hayas sido dejado de lado, menospreciado o sobreprotegido, pero llega esa edad en la que dejan de valer las excusas.
Todo acto tiene unas consecuencias, cada acción, una reacción. Esta es la lección que aprende la nueva generación de SKINS en su tercera temporada. Cada cosa que hagan desencadenará otra. Pueden actuar de forma irresponsable, como si nada importase, como si esa noche de marcha fuese a ser la última y sin pensar en que luego habrá una mañana siguiente. Pero la vida no funciona así.
De todo esto habla una serie que en su tercer año, en un doble salto mortal, renovó a todo su casting, presentándonos a un grupo nuevo de chavales. Alejándose de repetir perfiles, consiguieron una pandilla menos compacta pero igual de interesante. A mi me convencieron. Manteniendo la esencia de la serie, le dieron frescura y evitaron el paso de los chicos a la universidad, que por lo general en este tipo de series no suele funcionar.
Skins como buena serie adolescente (la mejor desde Buffy), nos habla del dolor de crecer y de la dificultad de madurar. Habrá fiestas, viajes, alcohol, drogas o peleas, pero todo esto solo busca acallar la angustia que siente el adolescente ante el mundo adulto que comienza a abrirse ante él.
Por lo general le tengo alergia al género procedimental. Me suelen aburrir las series de este estilo, con sus esquemas calcados episodio a episodio y su falta de continuidad que permite ver los capítulos en cualquier orden sin que apenas se note. Por esta razón abandoné House al principio de su segunda temporada y nunca me he puesto con series como CSI y sucedáneos. Y también, esta manía es la culpable de que la pereza me haya vencido a la hora de ver tres series que tengo pendiente desde hace mucho tiempo: The Closer, Supernatural y Bones.
Por eso, me sorprendí cuando me enganché este verano a In Plain Sight, una serie normalita del canal USA Network, sobre una Marshall que trabaja en el programa de testigos, escondiendo a gente en la ciudad de Alburquerque. Reconozco que la serie jugaba con ventaja en dos de sus puntos, por un lado era un procedimental, pero se alejaba de los típicos policiacos para presentarnos situaciones muy interesantes: gente que tiene que dejar su vida atrás y adaptarse a una nueva, sabiendo que si no lo hacen bien, aquellos de quien huyen les encontrarán y les matarán.
Aquí había un gran potencial que por desgracia la serie no supo aprovechar del todo. Podían haber hecho episodios mucho mejores, ya que la materia prima la tenían. Pero en la mayor parte de los casos me quedé con la sensación de que faltaba que le diesen otra vuelta a toda la trama, que por lo general se resolvía por el camino fácil. Aún así, y pese a esto, consiguieron casos entretenidos.
El otro elemento que me enganchó fue la personalidad de la protagonista. Me la vendieron como una especie de Veronica Mars adulta, y se puede decir que la descripción fue de lo más acertada. Todavía no he superado la cancelación de mi detective favorita y por eso estaba ávido de algo que fuese remotamente parecido y Mary recordaba mucho al personaje interpretado por Kristen Bell.
Con una gran personalidad y una curiosa afición por hacer las cosas a su manera, resultaba un personaje magnético que me obligaba a perdonar esas otras facetas de la serie que hacían aguas. Pero Mary no sería nada sin Marshall, su divertido compañero con quien tiene una estupenda química. Al otro lado de la balanza podríamos situar a la familia de la protagonista. Si bien reconozco que es necesaria para el conflicto, durante la primera temporada terminaron por resultar cargantes. Se ve que los guionistas se dieron cuenta y aligeraron para el segundo año.
In Plain Sight se convirtió en una revelación para mi este verano. Me vi, sin darme cuenta, enganchado a un procedimental de esos que tanto odio y reniego. Pero los personajes eran tan divertidos que pude ignorar lo repetitivo de su estructura y lo flojo de sus casos. Algunos como la nueva secretaria solo consiguieron añadir más diversión al asunto. Ahora ya solo puedo decir que me considero fan incondicional de Mary Shannon. Y quizás, también me haya ayudado a superar mi fobia a los procedimentales. El siguiente: The Closer. En cuanto encuentre un hueco libre, me pondré con Kyra Sedgwick en uno de esos personajes femeninos que estoy casi seguro que me conquistará.
Todo sea por hacer tiempo hasta el regreso, el verano que viene, de mi marshall favorita.
El próximo fin de semana va a celebrarse en Madrid el primer festival de series organizado por Digital +. Esta iniciativa que tendrá lugar en el Círculo de Bellas Artes se anuncia interesante. Echando un vistazo al programa encontramos varias mesas redondas. La más interesante la del viernes 20 con la participación de las chicas Bytheway, Alberto Rey del divertido blog Asesino en serie y al que ya pude ver en otra mesa redonda hace una semana en la tienda Fox. También estarán Rosa Belmonte del blog Enciende y vámonos y Concepción Cascajosa, cuyo libro Prime Time debería ser la biblia de cualquier teléfilo y que yo creo que me se de memoria de tanto releerlo.
El sábado habrá otra mesa redonda, esta vez con Boris Izaguirre, Inmanol Arias y Pepe Colubi que se centrará en este nuevo fenómeno en el que se han convertido las series. Y el domingo será el turno de Iker Jiménez que hablará sobre series y lo paranormal.
Pero las actividades no se quedarán aquí. A lo largo del fin de semana habrá diferentes talleres, aunque por lo que he leído más bien parece que serán charlas, algunas también muy interesantes, como la de Series de comedia que habrá el sábado, con Natxo Lopez, más conocido como El guionista Hastiado. Esta no me la pienso perder. Otros talleres como el de doblaje, con la participación de diversos actores también parece interesante, al igual que los dos del viernes: “Como anunciar una serie” y “Esta serie es un éxito” sobre el marketing que rodea al lanzamiento de una serie.
Vamos, que ya se donde me voy a pasar el próximo fin de semana. Se agradecen estas iniciativas que además demuestran la fuerza cada vez mayor que tienen las series americanas. Habrá que ver que tal sale todo. Y es que además de las actividades mencionadas también habrá proyecciones de un buen montón de series como True Blood, Los Tudor, The Good Wife, Heroes, Mad Men, Dexter, etc... Inclusó harán un maratón de Flashforward, aunque para eso les recomiendo que también repartan almohadas, porque vaya con la serie.
Si queréis más información, aquí podéis encontrarla. Si no podéis ir, ya intentaré contaros a través del blog lo que por allí suceda. Ah y a los que seáis de Madrid, ya nos veremos por allí.
Cambiando un poco de tercio y dejando momentáneamente las series de televisión de lado, tengo que comentar el libro de Apocalipsis Z que acabo de leer. O más bien de devorar. Esta novela de Manel Loureiro no cuenta nada nuevo: una misteriosa plaga se extiende por el mundo a gran velocidad, en pocas semanas la civilización ha sucumbido a esta enfermedad que convierte a la gente en zombis. El protagonista, un abogado que vive en una casa a las afueras de Pontevedra junto a su gato sobrevivirá atrincherado en su hogar. Hasta el momento en que se de cuenta de que se ha quedado solo, tan solo acompañado por cientos de criaturas cuyo único objetivo es devorarle. Armándose de valor decidirá coger a su gato, Lúculo e ir en busca de algunos de los Puntos Seguros que se crearon durante la epidemia. Pero el viaje no será fácil, estará repleto de peligros y como suele ocurrir en este tipo de historias, muchas veces no son los zombis de quienes hay que cuidarse más.
Como se ve es la típica historia de muertos vivientes, en la línea de Soy Leyenda, con un único protagonista, solo, enfrentado contra un mundo muy hostil y cuya mascota parece ser lo único que le ayuda a mantenerse cuerdo en medio de ese infierno. Lo que lo hace tan recomendable es la manera de contarlo. A través de entradas, primero de un blog y luego, cuando Internet cae, de un diario personal, vamos viendo como el protagonista, un hombre normal y corriente hará lo posible por sobrevivir. Con lenguaje simple y directo, la novela consigue ser muy efectiva. La tensión llega hasta el lector y la historia va en un continuo crescendo. Loureiro te transmite la constante tensión y el horror al que se enfrenta el protagonista, y te atrapa durante páginas y páginas sin soltarte. Consigue que contengas la respiración cuando el protagonista tiene que pasar por un lugar silenciosamente para no ser detectado por los zombies, o que leas a toda velocidad cuando está metido en un atolladero del que parece muy difícil salir.
En Apocalipsis Z el protagonista sale de una situación mala para entrar en otra peor. Así consigue que la novela no se vuelva aburrida y que no peque de repetitiva. Esto es algo digno de alabanza teniendo en cuenta que apenas maneja personajes y que se tiene que acotar a una situación muy concreta. La tensión se palpa en las páginas y tiene capítulos realmente angustiosos. Consigue arrastrarte a esos escenarios desolados y peligrosos, donde cualquier descuido puede ser terrible y la soledad puede enloquecerle a uno. No falta algún toque de humor y su lenguaje coloquial consigue hacer más realista toda la historia.
Otra de las cosas que me han encantado del libro, es que está ambientado en España, algo de esperar teniendo en cuenta que su autor es español. Normalmente en este tipo de historias los personajes se mueven por algún pueblo norteamericano, las grandes ciudades caídas son Nueva York o Los Ángeles y las noticias les llegan por la CNN. Aquí no. El protagonista se va enterando de la epidemia leyéndola en El País o viendo noticias en Telecinco. Es Losantos o Mercedes Milá quienes lo comentan en la televisión y cuando tiene que salir un presidente de Gobierno, es Zapatero quien lo hace. Detalles así parecen tontos, pero ayudan a dar más realismo y verosimilitud a la historia y le además le añaden un punto extra. Aquí, las primeras ciudades caídas que vemos son Vigo y Pontevedra y para quienes conozcan estas ciudades supongo que deberá ser todavía más divertido leer esta novela.
Manel Lourerio comenzó Apocalipsis Z como un blog que escribía en su tiempo libre bajo el seudónimo Mundocadaver. Iba publicando las entradas como si fuese el personaje protagonista, con el que comparte la profesión de abogado. Su éxito llevó a su publicación en papel por parte de Dolmen una pequeña editorial. Finalmente, para su continuación (el autor tiene pensado que sea una trilogía) ha dado el salto a Plaza & Janes. Además hay en marcha una adaptación en cómic y según cuenta en su blog, se encuentra negociando los derechos para una adaptación audiovisual.
Os recomiendo que os hagáis con él si os gusta este tipo de historias, o también si queréis leer un buen libro de acción, suspense y terror. Entra muy facilmente y a la mínima que te das cuenta ya estás sufriendo por verte obligado a adentrarte en una ciudad repleta de zombis, sin apenas armas y rezando porque al girar la siguiente esquina no vayas a encontrarte con alguna sorpresa desagradable.
Para mi hablar de Melrose Place (2009) no es hacerlo del remake de un programa que veía de niño y de la que tuviese un recuerdo especial. Creo que nunca he visto un capítulo completo de la serie antigua y si comencé con esta fue por eso de intentar verme los pilotos que se estrenaron este año. Me pilló todavía en Nueva York y me excusaba con eso de que no había nada mejor ese día y que me servía para hacer tiempo hasta el nuevo capítulo de Sons Of Anarchy.
Pero cuando regresé a España la seguí descargando y lo que es peor, pasándolo muy bien con ella. Se ha convertido en mi placer culpable de la temporada junto a Mercy y le perdono todos sus fallos, porque su intrascendencia me divierte como pocas.
Melrose Place (2009) es una serie sobre chicos y chicas guapos que comparten unos apartamentos mientras intentan llevar adelante su vida, que va desde lo anodino hasta lo absurdo. Los personajes son arquetípicos y sin un mínimo de profundidad. Tenemos todo lo que se le puede pedir a un programa de este estilo, chico bueno, chico malo, chica buena prometida con el chico bueno, con el que todos sabemos que no va a durar mucho. No faltan tampoco la típica rubia que es una zorra que hará cualquier cosa por conseguir lo que se proponga, ni el tipo resentido por que su padre no le hacía caso y, como no mi favorita, la estudiante de medicina que se tiene que meter a puta para pagarse la carrera.
Esto es la serie. Se le adereza con un asesinato que involucra a algunos personajes de la serie original, para contentar a nostálgicos y ya está. No hay mucho más, un culebrón ambientado en los Ángeles, repletos de carne atractiva y encefalograma plano. Pero todo esto no tiene porque ser malo, si se exagera y se lleva hasta el límite puede terminar por ser muy divertido. Y ese es el principal problema que le veo a lo que llevamos de temporada, que se están quedando a medio camino.
En Melrose Place hay mucho sosainas, mucho chico con cara de cordero degollado (y cero aptitudes interpretativas) cuyas tramas importan entre nada y menos. Ahí falta más carnaza. Con ellas las cosas están un poco mejor, entre Stephanie Jacobsen como aspirante a prostituta y Ella, la rubia zorrupia (divertida Katie Cassidy, también vista de morena en Harper’s Island) animan un poco el cotarro. Pero hay que reconocer que si no hubiese sido por la aparición de personajes de la antigua serie en el papel de malos malísimos, habríamos muerto de aburrimiento en medio de un episodio.
No podía quedarme sin mencionar a ese prodigio de la interpretación que es Ashlee Simpson-Wentz. No es que el nivel interpretativo de esta serie sea algo a destacar, pero lo de esta chica es impresionante. Es tan mala que directamente hace gracia. No tiene la menor idea de como actuar delante de la cámara y se pasa en todas sus escenas con cara de póquer o poniendo sus crazy eyes, para darnos a entender que su personaje está como una cabra.
La gran esperanza es la llegada/retorno de Heather Locklear, si ella salvó la Melrose Place original de la cancelación ¿por qué no volver a hacerlo con su continuación? La aparición de Amanda Woodward solo puede traer maldad y drama al vecindario, justo lo que le hace falta. Lo malo es que convencerla para aparecer no ha debido ser barato y dos de nuestros inquilinos se marcharán para después de Navidades (una pena que hayan echado al que estaba de mejor buen ver de todo el reparto).
Lo peor, es que los creadores justifican esta marcha diciendo que quieren hacer menos oscura la serie y que esos personajes no iban a encajar con el estilo que querían darle. Espero que solo lo hayan dicho por decir, ya que lo que se necesita es una buena dosis de mala leche y de sordidez. Ya estoy cansado de parejitas felices. Si veo Melrose Place (2009) es porque tengo ganas de un buen culebrón, no de una serie de la ABC Family.
De primeras, dejar claro que soy Gleek (o lo que es lo mismo, fan de Glee), que espero cada nuevo capítulo con una ilusión que solo supera el nuevo episodio de Modern Family o el de Sons Of Anarchy. Ahora me he enganchado a la banda sonora y no pueden pasar tres canciones sin que me quede atascado en alguna, dándole al boton de repeat, para machacarla una y otra vez.
Pero, pese a esto, y aunque suene incongruente, Glee no me convence. Tiene un problema bastante grave y es que sus protagonistas son completa y absolutamente anodinos. No me importan nada, me da igual lo que les suceda y, lo que todavía es peor, no me creo sus tramas. ¿O acaso a alguien le importa el embarazo de la cheerleader? ¿O que la mujer del profesor del coro finja su embarazo? No hay por donde cogerlo.
Algunas historias, como la de Puck liándose con Rachel para seguir su herencia judía no tenía ni pies ni cabeza. Y cosas como los Acafellas eran para, directamente apagar la tele y abandonar la serie. Y precisamente esto es lo que me maravilla de Glee, que me (nos) guste tanto, pese a sus fallos.
Si sus protagonistas son un cero a la izquierda, por suerte no se puede decir lo mismo de los secundarios. Aquí Glee tiene su mina de oro y curiosamente, han sido ellos los que mejor han sido tratados. Kurt y Mercedes fueron los que demostraron que Glee podía valer la pena y las apariciones de Sue animan el cotarro en todos los episodios.
Cuando pienso en porque espero con tantas ganas Glee, al final me doy cuenta de que la culpa la tienen los números musicales. Al enfrentarme a un nuevo capítulo lo que me pregunto no es que le pasará a determinado personaje, sino que canciones versionarán y cantarán. Hay que reconocer que han mantenido el nivel y que incluso lo han mejorado y nos han dejado algunos temas muy buenos.
Glee continúa siendo esa mezcla del High School Musical más tonto, con un poco de mala leche, casi siempre de mano de Sue Silvester. Su ñoñería resulta entrañable, pero sigo echando de menos un humor más loco y un pequeño giro que vuelva minimamente intresante a los protagonistas. En eso, creo que Popular (serie que acabo de empezar a revisionar y de la que ya hablaré más adelante) estaba más conseguido y al menos, los personajes eran más creíbles. Muchas veces en Glee, los momentos entre canción y canción son bastante aburridos y más si Will aparece en pantalla.
Solo llevamos ocho episodios y la serie ha ido mejorando respecto a su comienzo, por lo que tengo esperanzas que con el paso de los capítulos, Glee finalmente vaya puliendo esas cosas que no convencen y ya no la espere unicamente por lo que vayan a cantar. Y si no, siempre nos quedará Puck.
Para terminar quería anotar algo respecto a la banda sonora y es la ausencia de algunos de los mejores temas ¿Dónde están el Rehab o los mash ups que tan bien estaban? Supongo (y espero) que se los habrán reservado para el próximo volumen.
Y a vosotros ¿qué os está pareciendo Glee? ¿Os convence totalmente o realmente solo la veis por las canciones?
Si bien, en un principio, cuando se anunció el proyecto de CAPRICA, no las tenía todas conmigo, tras ver el piloto, se convirtió en mi serie más esperada para esta temporada, por encima de V, Flashforward o Glee. Lejos de ser una forma de alargar Battlestar Galactica, la serie buscó su personalidad y creo un programa diferente, pero con las mejores cualidades del original. Buscaba tratar temas como la identidad, la religión o la corrupción política, algo que ya había hecho su serie madre, pero esta vez desde un prisma distinto.
En BG estábamos en una sociedad al borde del colapso, una situación límite que exigía medidas desesperadas ante situaciones desesperadas. En cambio Caprica promete ser un fiel reflejo de nuestro mundo, pero con la ventaja de ser ciencia ficción, lo que les permitirá llegar más lejos de lo que podrían en una serie realista. Todo el universo que se presentó en el primer episodio resultó muy sugerente, aunque también es cierto que habrá que ver más capítulos para terminar de adivinar el rumbo que va a tomar. Pero la hora y media que hemos disfrutado hasta ahora me gustó tanto que a mi me tiene expectante.
Hace poco tuve la oportunidad de revisionar el piloto para enseñárselo a un amigo, también fan de Galactica y puedo decir que no pierde ni una pizca de su fuerza. El capítulo continúa siendo inteligente y sólido. Ahora, tan solo queda esperar que Caprica no sufra de pilotitis (un gran comienzo que luego se desinfla rapidamente, como por ejemplo Flashforward) y que sus productores ejecutivos (entre los que se encuentra Jane Espenson habitual de Buffy de BG) aprendan de lo bueno de Battlestar Galactica y eviten lo malo, es decir, que pongan más cuidado en sus tramos medios de temporada, donde decaía el nivel bastante.
Mientras, yo cuento los días hasta el estreno de los nuevos episodios, que serán el 22 de Enero de 2010. Todo esto venía motivado por un trailer que acaba de salir y que incluye nuevas imágenes de la serie. Se ve después del anuncio.
Revisionar una película es algo de lo más normal. Sirve para disfrutarla con más profundidad, para apreciar mejor sus aciertos y sus errores y si es una de nuestras favoritas, para disfrutarla como si fuese la primera vez. Yo no me canso de ver Moulin Rouge, Old Boy o Las Horas. Me lo paso genial con ellas y siempre descubro algo nuevo.
En cambio con una serie esto no es algo tan fácil y menos cuando tienes por delante unas cinco temporadas de veinte episodios. Revisar una serie de televisión es incluso peor que volver a leer un libro, por la cantidad de horas que hay que echarle. Esto no sería un problema si no fuese por el hecho de que todos tenemos una enorme lista de programas pendientes que todavía no hemos visto y que deberían tener prioridad.
Esto viene a que últimamente tengo la necesidad de volver a ver ALIAS. Fringe, pese a aburrirme me picó el gusanillo de recuperar a Sydney Bristow. La sosez de Olivia Dunham me recordó lo que disfrutaba con los disfraces imposibles de nuestra agente del SD6 y lo grande que fue Jennifer Garner al conseguir construir una protagonista tan frágil y a la vez tan dura. Las primeras temporadas de Alias tenían un ritmo imparable, cliffhangers de infarto, personajes interesantes e incluso, algo que se olvidaría posteriormente, Sydney Bristow llevaba una vida más allá del espionaje.
Aunque sus guionistas conseguían que pareciese fácil, la trama de Alias era compleja, con una protagonista que trabajaba como agente doble y que tenía que mantener, no ya una doble vida, sino una triple. Pero los episodios estaban muy bien explicados y Jennifer Garner era capaz de conseguir que nos creyésemos que se pasaba el día dando vueltas por el mundo llevando a cabo misiones para dos agencias distintas, y que luego tuviese tiempo para ir a la universidad o para ir a cenar con sus amigos.
ALIAS fue una de las primeras series que me enganchó, antes de comenzar a descargar capítulos de Internet. Esperaba que editaran los dvds para luego ventilarme sus episodios en pocas semanas. Jennifer Garner se puso rápidamente a la altura de la que hasta el momento era mi musa televisiva, Sarah Michelle Gellar, podium en el que más tarde entraría Kristen Bell con su inmensa Veronica Mars.
Pero no solo eso, esta serie también me dio mi villana favorita. Irina Derevko que entró en su segunda temporada y que a punto estuvo de comerse la serie ella sola. Su personaje, complejo y repleto de luces y sombras se convirtió en una especie de Hannibal Lecter para Sydney, que en ningún momento tuvo claro si confiar en ella o no, pese a que fuese su madre.
Toda la trama familiar de los Bristow fue una de las mejores cosas que dio la serie, junto con sus finales de temporada. También habría que mencionar su episodio piloto, uno de los mejores que se han hecho y que me habré visto un buen montón de veces. Tan solo lamento esa terrible cuarta temporada, que perfectamente podría borrarse de la serie y de la que solo se salvaba Nadia. Suerte que al final, en la última temporada el tren se encarriló para darnos un final más que digno, aunque con algunos peros.
Con Alias lo he pasado muy bien y le tengo cariño. El problema es que es una serie con una trama muy continua y no es tan fácil revisionar capítulos sueltos, como por ejemplo hago con Buffy. Supongo que esperaré a Navidades y a lo mejor entonces intento ponerme con sus dos primeras temporadas. Y es que no hay nada mejor que acompañar a Sydney Bristow en sus viajes por el mundo, con sus pelucas y sus gadgets, acompañada en la sombra por Vaughn y aparentemente trabajando para Sloane. ¡Qué tiempos!
Y vosotros ¿tenéis alguna serie que queráis revisionar, pero que no veáis el momento por falta de tiempo?
Una de las principales características de The Shield es su capacidad para recuperar sucesos y temas que han tenido lugar en anteriores temporadas. Pueden recordar un caso que resolvieron o una situación que en principio quedó resuelta varias temporadas atrás y que esto tenga relevancia en el desarrollo futuro de las tramas.
Por eso, sorprende cuando en los extras que vienen incluidos en los dvds de la serie, los guionistas reconocen no tener ningún plan maestro. Ellos trabajan cada temporada y en ningún momento hablan de una gran trama pensada de antemano. Lo único que persiguen es llevar a sus personajes un poco más allá cada vez.
Podría parecer que el resultado quedaría algo deslazabado, pero sucede al revés dando la impresión de ser uno de los programas más compactos que he visto. Los personajes y la serie siguen un camino, van evolucionando, pero sin perder en ningún momento las señas de identidad y con una constancia que ya querrían para sí muchas series de las consideradas grandes (esos bajones de Lost o Battlestar Galactica).
The Shield puede contemplarse perfectamente como una gran novela policiaca en la que sus dos primeras temporadas conforman el acto introductorio, la tercera, cuarta y quinta el nudo y finalmente la sexta y séptima el desenlace.
Tras la conclusión de la quinta temporada, era fácil adivinar que las cosas tomarían un nuevo rumbo y que ya nada volvería a ser como antes. Los personajes habían llegado a un punto de no retorno, tensando una cuerda que finalmente se había roto. Ahora solo les quedaba recoger lo que estuviese a salvo antes de hundirse en la vorágine de consecuencias que habían desatado.
La sexta temporada es el principio del final. Los personajes finalmente se han enfrentado al precio de sus acciones y las lealtades se rompen. Hay que pagar el precio por los pecados cometidos. Todo parece indicar que Vic Mackey no podrá salvarse esta vez y que su final será muy doloroso. Solo un giro en una investigación conseguirá darle una prórroga ante lo inevitable.
A esta tanda de episodio les recorre una falsa sensación de calma, se están colocando las piezas sobre el tablero y ahora sí que parece imposible evitar el jaque mate. La tragedia se masca y el personaje de Shane, eterno segundón, se alza inmenso. Todos sabíamos que no podía traer nada bueno, pero finalmente lo vemos. Curiosamente, será su cobardía la que desencadene el desastre.
Me queda tan solo la última temporada de esta estupenda serie. Espero que no tarden en salir los dvds ya que es uno de esos programas que merecen tenerlos, ya no solo por su calidad, sino por lo interesantísimo de sus extras, que ayudan a profundizar en The Shield.
La séptima temporada será la última. No tengo miedo de decepcionarme, ya que parece ser que está a la altura de las expectativas. Y no solo eso, sino que después de todo lo que han ido montando, es fácil que la última tanda de episodios sea increíble. Me muero por descubrirlo.